El diablo no bromea…
Javier García Blanco | 1 Julio 2009Todavía con la “resaca” que ha supuesto la puesta en marcha de Planeta Sapiens (por cierto, acabamos de actualizar los contenidos
) hoy toca entrada en ARS SECRETA. Y como el clima ahora mismo es infernal, con los termómetros a punto de estallar, qué mejor que hablar de nuestro querido Príncipe de las Tinieblas. En esta ocasión os traigo una pintura titulada Autorretrato como mago o Autorretrato con escena mágica, obra del pintor holandes Pieter van Laer (1599–1642), también conocido como Il Bamboccio (”El grotesco” o “El Fantoche”, a causa de las malformaciones físicas que sufría).
Autorretrato como mago, Pieter van Laer (Il Bamboccio). Crédito: Studio AK
Generalmente, la temática preferida de este pintor eran las escenas cotidianas de las clases bajas, con representaciones de fiestas, mercados, etc… Sin embargo, en esta pintura, que data de finales de 1630, el artista quiso jugar con el espectador, al representarse como un mago o alquimista que ha tenido éxito en su intento de contactar con el Maligno. La obra muestra al artista gritando, con una expresión que evidencia la influencia de Caravaggio, y rodeado de libros y utensilios relacionados con la brujería. Pese al rostro de terror del protagonista, el diablo es apenas perceptible, pues únicamente se aprecian sus garras entrando en escena por uno de los extremos de la pintura. Como nota curiosa, Il Bamboccio incluyó en la obra una partitura musical –un canon para tres voces–, en el que se puede leer la frase: “El diablo no bromea, no juega a juegos”. La pintura se conserva hoy en el Metropolitan Museum of Arts de Nueva York, cedido por un particular.
Otro de los detalles llamativos de la vida de Pieter van Laer –además de la rareza de esta obra “demoníaca”–, es su pertenencia a una llamativa hermandad de pintores, la Schildersbent (”Camarilla de pintores”) o Bentvueghels (”Pájaros de una pluma”) durante su estancia en Roma. Este grupo estaba compuesto por artistas holandeses y flamencos que trabajaban o estudiaban en Roma, y estuvo activo entre 1623 y 1720. La intención principal de dicha hermandad era proteger los derechos de los artistas holandeses emigrados, además de una forma de camaradería. Lo más curioso es que sus miembros, muy dados a la buena vida, decidieron articular la curiosa “sociedad secreta” en torno a rituales de carácter báquico.
Un grupo de Bentvuegels. Dibujo anónimo. Museo Boijmans Van Beuningen de Rotterdam
Sin duda la cosa debió comenzar como poco más que una excusa para divertirse, pero algún tiempo después los aspirantes a Bentvueghels debían pasar complejos rituales iniciáticos para ingresar en el grupo. Las ceremonias de iniciación, según algunos autores de la época, incluían grandes festines, como la celebrada durante el ingreso de Il Bamboccio, que se prolongó durante 24 horas, sin que nadie se levantara de la mesa. Después de la opípara comida, los miembros de la hermandad caminaban juntos, en procesión y borrachos, hasta la iglesia de Santa Constanza, donde se encontraba una antigua tumba con decoraciones báquicas sobre la que, en la antigüedad, se decía que era la tumba de Dionisio. Las prácticas de los Bentvueghels o Schildersbents, además de borracheras y visitas a iglesias, incluían también “misas” con “sacerdotes”, una blasfemia que terminó por agotar la paciencia de la sociedad romana, hasta que el Papa terminó condenando y prohibiendo el grupo por decreto en 1720.




















